Carta de san Agustín a los jóvenes
Queridos jóvenes:
Supongo que ustedes se sorprenderán de esta carta después de tanto tiempo sin saber apenas quién soy y sin haberme decidido a hablar con ustedes antes.
Bueno me presentaré: soy Agustín, el de Hipona, ese que nació en Tagaste en el año 354 y que luego fue obispo y después santo,...pues ese soy yo.
Seguro que algo habrán oído hablar de mí, seguro que conocen a alguno de los míos bien porque les han dado clase, bien por la catequesis, el deporte, los grupos juveniles,...pero no sé si saben quién soy yo.
Les cuento (y perdonen el rollo), yo fui un joven feliz, con amigos (siempre con amigos) que era muy inquieto, es decir, no paraba un momento; estudié en Tagaste y Madaura ( en el Norte de África), estuve en Cartago, en Roma, en Milán,... fui pagano (como mi padre Patricio), luego miembro de una secta llamada de los maniqueos, luego caí en el escepticismo (agnóstico para aclararles) hasta que por fin reposé mi corazón en Cristo y me bauticé cristiano.
Durante todo este tiempo tuve una novia, casi mi mujer con la que tuve un hijo, pero antes viví el ambiente de Cartago, que me fascinaba con sus noches de fiesta, sus teatros, su música, sus mujeres y su buen vino. Fue una vida que creo que no es muy diferente de la que muchos de ustedes llevan cuando salen los fines de semana. Una vida llena de juegos, borracheras, distracciones y ruidos que aunque no me llenaban la vida, la hacían más llevadera.
Como les decía antes, siempre tuve ganas de buscar la Verdad y siempre partí de mis amigos...ellos me acompañaban en las diversiones y en los estudios, ellos me apoyaban en mis depresiones y malos momentos y compartíamos juntos nuestras alegrías... ¡no sé qué hubiera sido de mí sin ellos!
Mi madre Mónica me insistía mucho con eso del cristianismo y yo pensaba que era cosa de mayores e ignorantes y ni siquiera me paraba a escuchar: ¡cómo una persona inteligente, con su vida programada y montada iba a creer o a comprometerse con esas tonterías!...pero un día pasó: entre el ruido y mis planes de futuro oí algo, no sé si fue una llamada o simplemente el hecho de pararme a pensar sobre mi vida, sobre lo que hacía.
Y bueno, llegó mi "conversión", descubrí otro camino, otra alternativa a la vida que llevaba hasta entonces. Aposté por ese camino, después de mucho pensar y les aseguro que me dio la felicidad.
Por esto les escribo, para contarles mi vida y para que sepan que algunos de los míos irán a verlos pronto y ellos les contarán cómo vinieron a mi, por qué son ahora de los míos, que dudas y problemas tienen, cómo es su vida, si son felices,...
No los quiero aburrir más, pero les pido un favor, cuando lleguen escúchenles, siempre merece la pena conocer algo distinto e intentar vivirlo.
Un abrazo.
San Agustín
Supongo que ustedes se sorprenderán de esta carta después de tanto tiempo sin saber apenas quién soy y sin haberme decidido a hablar con ustedes antes.
Bueno me presentaré: soy Agustín, el de Hipona, ese que nació en Tagaste en el año 354 y que luego fue obispo y después santo,...pues ese soy yo.
Seguro que algo habrán oído hablar de mí, seguro que conocen a alguno de los míos bien porque les han dado clase, bien por la catequesis, el deporte, los grupos juveniles,...pero no sé si saben quién soy yo.
Les cuento (y perdonen el rollo), yo fui un joven feliz, con amigos (siempre con amigos) que era muy inquieto, es decir, no paraba un momento; estudié en Tagaste y Madaura ( en el Norte de África), estuve en Cartago, en Roma, en Milán,... fui pagano (como mi padre Patricio), luego miembro de una secta llamada de los maniqueos, luego caí en el escepticismo (agnóstico para aclararles) hasta que por fin reposé mi corazón en Cristo y me bauticé cristiano.
Durante todo este tiempo tuve una novia, casi mi mujer con la que tuve un hijo, pero antes viví el ambiente de Cartago, que me fascinaba con sus noches de fiesta, sus teatros, su música, sus mujeres y su buen vino. Fue una vida que creo que no es muy diferente de la que muchos de ustedes llevan cuando salen los fines de semana. Una vida llena de juegos, borracheras, distracciones y ruidos que aunque no me llenaban la vida, la hacían más llevadera.
Como les decía antes, siempre tuve ganas de buscar la Verdad y siempre partí de mis amigos...ellos me acompañaban en las diversiones y en los estudios, ellos me apoyaban en mis depresiones y malos momentos y compartíamos juntos nuestras alegrías... ¡no sé qué hubiera sido de mí sin ellos!
Mi madre Mónica me insistía mucho con eso del cristianismo y yo pensaba que era cosa de mayores e ignorantes y ni siquiera me paraba a escuchar: ¡cómo una persona inteligente, con su vida programada y montada iba a creer o a comprometerse con esas tonterías!...pero un día pasó: entre el ruido y mis planes de futuro oí algo, no sé si fue una llamada o simplemente el hecho de pararme a pensar sobre mi vida, sobre lo que hacía.
Y bueno, llegó mi "conversión", descubrí otro camino, otra alternativa a la vida que llevaba hasta entonces. Aposté por ese camino, después de mucho pensar y les aseguro que me dio la felicidad.
Por esto les escribo, para contarles mi vida y para que sepan que algunos de los míos irán a verlos pronto y ellos les contarán cómo vinieron a mi, por qué son ahora de los míos, que dudas y problemas tienen, cómo es su vida, si son felices,...
No los quiero aburrir más, pero les pido un favor, cuando lleguen escúchenles, siempre merece la pena conocer algo distinto e intentar vivirlo.
Un abrazo.
San Agustín

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