si te llamara. Me seguirías?

Friday, April 28, 2006

¡TU ERES MI DIOS!



¡OH DIOS!

¡TÚ ERES MI DIOS!

Tú eres el único que llena mi corazón

y mi alma.

Tú eres mi verdadera felicidad.

Tú eres mi alegría, mi paz,

mi descanso.

¡TÚ ERES MI DIOS!

En Ti se sacia mi sed.

A Ti es a quien verdaderamente busco.

En Ti encuentro lo que anhela todo mi

ser.

¡TÚ ERES MI DIOS!

Quiero ser siempre consciente de tu

amor

y

de tu presencia.

Tú me amas gratuitamente.

Estás siempre conmigo.

¡TÚ ERES MI DIOS!



Mercedes
FELIZ CON DIOS



Wednesday, April 26, 2006

JESUS


Jesús.

Imagínate a Jesús.
Siempre haciendo el bien.
Siempre pensando en los demás.
¡Cómo atraía Jesús!
¡Cómo sería su mirada!
¡Cómo sería su bondad, su amabilidad!
Todos le seguían, le admiraban, le querían.
Todos los de sencillo corazón.
Rodeado de pobres, enfermos, pecadores.
Acudían a El.
Le buscaban.
Siempre consolando.
Siempre ayudando a todo el que le necesitaba.
Siempre haciendo felices a los que le rodeaban.
Siempre amando.
¡Qué personalidad la suya!
¡Qué sencillez y al mismo tiempo qué majestad,
qué autoridad,
qué coherencia entre su hacer y su decir!

Quiero dejarle vivir en mí y poder decir como san Pablo:
"Vivo yo más no soy yo es Cristo el que vive en mí."


Mercedes
FELIZ CON DIOS


Wednesday, April 19, 2006

FUERZA PARA BUSCARTE






Fuerza para buscarte



Señor y Dios nuestro,
nuestra única esperanza,
no permitas que dejemos de buscarte por cansancio,
sino que te busquemos siempre
con renovada ilusión.

Tú, que hiciste que te encontráramos
y nos inculcaste ese afán por sumergirnos
más y más en ti,
danos fuerza para continuar en ello.

Mira que ante ti están nuestras fuerzas
y nuestra debilidad.
Conserva aquellas, cura ésta.
Mira que ante ti están nuestros conocimientos
y nuestra ignorancia.

Allí donde nos abriste,
acógenos cuando entremos.
Y allí donde nos cerraste
ábrenos cuando llamemos.

Haz que nos acordemos de ti,
que te comprendamos,
que te amemos.

Acrecienta en nosotros estos dones
hasta que nos trasformemos completamente
en nuevas criaturas.


San Agustín.





Hablar con Dios

Monday, April 17, 2006

"Jesús poniendo en él los ojos, le amó..."


"Jesús, poniendo en él los ojos, le amó"


Lectura evangélica (Mc 10, 17 22)

Se ponía ya en camino cuando uno corrió a su encuentro y arrodillándose ante él, le preguntó: "Maestro bueno, ¿qué he de hacer para tener en herencia vida eterna?"

Jesús le respondió: ¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno sin sólo Dios. Ya sabes los mandamientos: No mates, no cometas adulterio, no robes, no levantes testimonio falso, no seas injusto, honra a tu padre y a tu madre."


Él, entonces, le contestó: "Maestro, todo eso lo he guardado desde mi juventud."

Jesús, fijando en él su mirada, le amó y le dijo: "Sólo una cosa te falta: vete, vende lo que tienes y dáselo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo; luego, ven y sígueme."

Pero él, al oír estas palabras, se entristeció y se marchó apenado, porque tenía muchos bienes.

Reflexión


<>

Este es el amor del Redentor: un amor que brota de toda la profundidad divino-humana de la Redención.


En él se refleja el eternos amor del Padre, que <>.

El Hijo, lleno de ese amor, aceptó la misión del Padre en el Espíritu Santo, y se hizo Redentor del mundo. El amor del Padre se reveló en el Hijo como amor que salva.

Precisamente ese amor constituye el verdadero precio de la Redención del hombre y del mundo.
Los Apóstoles de Cristo hablan del precio de la Redención con una profunda emoción:
<>, escribe San Pedro.


<>, afirma San Pablo.


La llamada al camino de los consejos evangélicos nace del encuentro interior con el amor de Cristo, que es amor redentor.

Cristo llama precisamente mediante este amor suyo.

En la estructura de la vocación, el encuentro con este amor resulta algo específicamente personal.


Cuando Cristo <>, llamando a cada uno y a cada una de una de ustedes, lo hace con aquel amor suyo redentor; y cuando se dirige a una determinada persona de manera definitiva, toma al mismo tiempo características esponsales: es decir, se dice amor de elección. […]


Han elegido a Jesús de Nazaret, el Redentor del mundo, escogiendo el camino que Él les ha indicado.Este camino se llamaba también el camino de perfección.

Conversando con el joven, Cristo dice: <>; de modo que el concepto de <> tienen su motivación en el misma fuente evangélica. […]


[…]La llamada a la perfección pertenece a la esencia misma de la vocación cristiana. (Exhortación apostólica Redemptionis donum II, 3,4, 5)

Sólo Dios


Sólo Dios puede dar fe... Pero tú puedes dar tu testimonio.

Sólo Dios puede dar la esperanza... Pero tú puedes devolverla a tu hermano.

Sólo Dios puede dar el amor... Pero tú puedes enseñar a amar.

Sólo Dios puede dar la paz... Pero tú puedes sembrar unión.

Sólo Dios puede dar la fuerza... Pero tú puedes animar al desanimado.

Sólo Dios es el camino... Pero tú puedes señalarlo a otros.

Sólo Dios es la luz... Pero tú puedes hacer que brille a los ojos de todos.

Sólo Dios es la vida... Pero tú puedes hacer que florezca el deseo de vivir.

Sólo Dios puede hacer lo que parece imposible... Pero tú puedes hacer lo posible.

Sólo Dios se basta a sí mismo... Pero prefiere contar contigo.

Reflexiones en torno a la vocación:

La vocación no es una luz cegadora que aparece en la vida de los hombres de forma evidente.


Es la capacidad de dialogar con las oscuras urgencias del mundo, con el corazón de Dios que es Padre de los pobres.


Es poner la vida en juego: llevar a los hombres en el corazón y el corazón en las manos.


Si comprendes así la vocación, desde la trascendencia del diálogo con Dios, podrás interpretar tu propio proceso desde esta nueva perspectiva.


Comprender la grandeza de una misión y la dignidad que te da ser colaborador de Dios, te llevará a un mayor conocimiento de ti mismo, y a una clara superación, no ya con el objetivo de triunfar individualmente, sino para convertirte en un verdadero instrumento del Espíritu.

La misión en el sentido espiritual contiene evidentemente un compromiso social, pero da a este compromiso un sentido más profundo, capaz de responder a las situaciones más difíciles, en las que el hombre se tropieza con la limitación y con el misterio del pecado y del mal.

El don de sí mismo en una misión produce en el corazón del hombre la alegría, formando una actitud ante la vida que lo unifica por dentro.

Nos ofrece un testimonio de esto San Juan de Ávila, un sacerdote santo del siglo XVI:
“Buen manjar ofrece con amarga salsa quien sirve a Dios con tristeza, porque Él más quiere en el dador alegría, que a la dádiva, y agrádale mucho el corazón libre de toda desaprovechada tristeza, cual lo tenía David cuando decía: Aparejado está mi corazón, Señor aparejado está mi corazón.


Dos veces está aparejado, porque de tan buena gana sirve a Dios en la adversidad como en la prosperidad, tan buena cara hace a los azotes como a los halagos y está presto a subir a Dios con el pensamiento y a bajar al prójimo para aprovecharles”.